miércoles, 9 de octubre de 2013

Trozo tres: la llegada de Charini

Hay que ver lo desarmados que son algunos, qué corazon ti... (perdonen ustedes, me ha interrumpido mi hijo que ha entrado a la habitación a preguntarme dónde pijo le he puesto no se qué camiseta del "teori" ese del "bin-ban" y me ha preguntado que por qué son desarmados y le he dicho que porque no tienen sentimientos al deshacerse de un gato medio muerto. Me ha dicho que desarmado es el que no lleva armas, que si lo que quiero decir es que alguien es mala persona, es un desalmado, con ele, como si lo dijera un chino).

    Empiezo, que si no, se me va el hilo. Decía que hay algunos que son unos desalmados ( me acuerdo del chino) porque no se tiene el corazón mas que para mantenerse vivo, pero no se lo merecen. Esta mañana el hijo de mi vecina me ha traído envuelto en una toalla una cosica que apenas se movía, llena de barro. Me ha dicho que al ir a tirar la basura esta mañana su madre (le he recordado que se saca a las nueve, pero de la noche y ella siempre dice que se confunde, por eso el ayuntamiento de mi pueblo hizo unas pegatinas especiales que ponen "21 horas", para que la pava esta se entere, pero como es más idiota que encender un mechero en una gasolinera, entendió que la basura pasa dentro del contenedor todo ese tiempo), ay señor, decía que su madre se lo ha encontrado dentro del contenedor, lo ha sacado y no tiene otra cosa que hacer que encasquetármelo con el crío como mensajero, para que me dé más lástima.

    Cuánta mierda llevaría, que después de estar un rato debajo del grifo lo he oído maullar: ¡un gato! Válgame el señor... y yo con dos perros en el piso. En fin, después de quitarle al minino la misma cantidad de barro que había en el piso-taller de Demi Moore en Ghost, me he puesto a hacer aceptación social con reunión urgente de grupo: los he puesto a olfatear a la gata (porque he podido ver tres colores en su pelaje y los tricolores son hembras de toda la vida, aunque una amiga me ha dicho esta mañana que se han descubierto machos, pero son estériles; qué cosas), después de un buen rato no ha habido peleas y da gusto verlos jugar a los tres. Ahora mismo están para hacerles una foto y cascarla en uno de esos calendarios más cursis que pelar un huevo duro con los meñiques.

    He bautizado a la gata con el nombre de Charini, en honor a los Morancos,  que me encantaban desde que hacían de ingleses (o yo qué sé) en el "Un, dos, tres". Lo suyo hubiera sido llamarse Rosario, porque me la trajeron el día siete (que estamos en octubre), pero mis Morancos...

    Y ya está, habemus Charini.