Hablo poco de mi medio pomelo, es decir, mi señor esposo. Ya dije en el trozo uno que se dedicaba a vender. En los setenta se les llamaba "viajantes", en los noventa "representantes" y ahora "comerciales". Lo mismo pasa con el "postureo"; de toda la vida a la cosa del querer y no poder se le ha llamado "aparentar" y desde hace un tiempo oigo a mi Álvaro decir de algunos de sus compañeros no sé qué del postureo.
Ustedes me van a perdonar mi ignorancia, pero me sonaba al Kamasutra, que son posturas. A ver, me daba vergüenza preguntarle a mi hijo y si en una de las llamadas telefónicas que mi Pepe me hace por las noches le pregunto eso, se sube en el coche y se planta en el piso, no por emoción ante mi aparente modernidad, sino por mosqueo cornamental.
Por fin supe lo que era. Vaya un fuste (palabra que se emplea mucho aquí en Murcia), es decir, que creía que tenía más profundidad y luego ná. Ustedes me van a perdonar (ya sé que lo he dicho en el párrafo anterior), pero me pasó lo mismo con Jesús Quintero, el periodista ese que hacía "El loco de la colina". Todo el mundo hablaba de las entrevistas que ese señor hacía a sus invitados, de lo bueno que era, de lo profundo (es que me impacta ello); pues bien, un día me puse una nota pegada en la puerta del frigo, para que no se me olvidara: "ver loco de la colina TVE1". Y me puse a verlo. Los nervios me comieron y tuve que cambiar de canal. Lo que se cataloga como "programa intimista" y hombre profundo, yo digo que es un aburrimiento y una desesperación todos esos silencios; él, gilipollas. Han pasado algunos años, pero recuerdo un momento en el que el Quintero miraba de medio lado a no se quién, cogía aire por la boca (que me da mucho asco, yo siempre por la nariz, que es donde están los filtros) y preguntaba en plan desafiando el intelecto del prójimo a la par que pensaba " me pongo estos pañuelos al cuello porque estoy encantado de conocerme": ¿Qué odias?; a ver, sinceramente, podría ser más específico, ¿qué espera del otro, que sea también profundo? ¿Que es lo políticamente correcto, decir que odia la hipocresía, la demagogia, las injusticias? Una Mis y similares diría eso de "odio las guerras y el hambre en el mundo, quiero paz y amor para todos los seres de la tierra". Yo odio que mi Álvaro se deje los calzoncillos debajo de la cama o colgando del radiador del baño, odio lo porculera que es mi suegra, odio la impuntualidad, odio que me dejen las huellas de los dedos en el parabrisas del coche... (y paro ya).
Tengo una amiga que está indignada con la corrupción de este puñetero país. Yo le digo que no tiene fuerza moral para indignarse tanto, porque ella cuando ha podido (sobre todo en Navidad), ha hecho un "sinpa". Le digo que ella es una corrupta a pequeña escala y se me pone bufando...
Señor, qué asco de verano (por cambiar de tema).
Y lo más gordo es que iba a hablar de otra cosa y me he liado de mala manera. Bueno, ya si eso en el trozo once. Ahora es que se me ha pasado la indignación y servidora, para escribir, necesita estar indignada.
miércoles, 12 de agosto de 2015
lunes, 8 de junio de 2015
Trozo nueve: chanclas, mejillones al vapor y otros derivados del susodicho...
Hacía siglos que no escribía una puñetera letra por estos lares. Al leer ustedes "puñetera", ya habrán averiguado el mosqueo que me colma de hemisferio a hemisferio (mi hijo ya está dándome la vara con lo de querer escribir fino y mezclar tacos o palabras de esas que intercambiamos en el mostrador de la carnicería; yo es que soy así, lo mismo me zampo un osito de gominola que le pego un mordisco a un limón. También se habrán dado cuenta a estas alturas de trozos, que meto a mi hijo "en directo". Es que como no controlo mucho el ordenador, escribo estas cosas cuando él está por aquí y así, si tengo alguna duda, me echa un cable, que a estas alturas se ha convertido en una instalación eléctrica: Soy torpe, ¿y qué pijo pasa?).
Anda que vaya pedazo de paréntesis he cascado en el párrafo anterior. Es que no puedo ser más corta, digo más breve, que corta ya soy, tranquilos que servidora conoce sus límites y sería muy bonico que existiera más gente con la vara de medir bastante clara. A estas alturas me he tropezado con tantísimo gilipollas (¿tengo que poner gilipollos y gilipollas para las feministas sin fuste?) que cuando encuentro a alguien que tiene claro hasta dónde llega, creo que es poseedor de un don divino. Hay mucho esparto suelto en la tierra de la alpargata, ya lo sé...
Ya es inminente, ya está encima la legión de carnes grumosas bajo prendas de lycra. No hace falta que ponga el ojo en el visor de ningún telescopio, veo la superficie lunar donde quiera que mire. Los mejillones no son exclusivos de Bélgica y sus chorrocientas formas de prepararlos. Aquí hay más y servidos de una sola manera: a la chancla.
Sufro cuando veo a un Jesús crucificado que anda asfixiado por partida doble: su posición en la cruz y su penitencia extra al ahogarse entre los pelos del pecho de un individuo que lleva la camisa desabrochada hasta la ingle, pero eso sí, bien metida por dentro de un pantalón de pinzas con la cinturilla escondida bajo una superficie esférica. En casos extremos, el pantalón de pinzas se ha sustituido (sobre todo en zonas de playa) por lo que parece indentificarse con un pantalón de tenis, pero que se ve mejor por la parte trasera.
Por misterios del calor y sus consecuencias, una legión de marranos/as coloniza las terrazas de los bares y quiere mostrar al resto del mundo que la digestión comienza con el bolo alimenticio y además, saben pasearlo con la boca abierta sin que se le caiga nada. Su capacidad y temerosidad es tal, que antes de tragarse lo que han masticado tres veces, para que el tomate no se sienta solo entre esos dientes que apenas trabajan, se meten de una vez cinco michirones que han pinchado del plato con tanta fuerza que han rajado la porcelana.
Este año, cuando sople las velas, que ya es una cantidad como para pegar un extintor bajo la tarta, pediré dos deseos: que desaparezca la lycra y que esos mortales que se empeñan en demostrar cómo se menea la comida en la boca, nos dejen al resto en la más absoluta ignorancia.
Anda que vaya pedazo de paréntesis he cascado en el párrafo anterior. Es que no puedo ser más corta, digo más breve, que corta ya soy, tranquilos que servidora conoce sus límites y sería muy bonico que existiera más gente con la vara de medir bastante clara. A estas alturas me he tropezado con tantísimo gilipollas (¿tengo que poner gilipollos y gilipollas para las feministas sin fuste?) que cuando encuentro a alguien que tiene claro hasta dónde llega, creo que es poseedor de un don divino. Hay mucho esparto suelto en la tierra de la alpargata, ya lo sé...
Ya es inminente, ya está encima la legión de carnes grumosas bajo prendas de lycra. No hace falta que ponga el ojo en el visor de ningún telescopio, veo la superficie lunar donde quiera que mire. Los mejillones no son exclusivos de Bélgica y sus chorrocientas formas de prepararlos. Aquí hay más y servidos de una sola manera: a la chancla.
Sufro cuando veo a un Jesús crucificado que anda asfixiado por partida doble: su posición en la cruz y su penitencia extra al ahogarse entre los pelos del pecho de un individuo que lleva la camisa desabrochada hasta la ingle, pero eso sí, bien metida por dentro de un pantalón de pinzas con la cinturilla escondida bajo una superficie esférica. En casos extremos, el pantalón de pinzas se ha sustituido (sobre todo en zonas de playa) por lo que parece indentificarse con un pantalón de tenis, pero que se ve mejor por la parte trasera.
Por misterios del calor y sus consecuencias, una legión de marranos/as coloniza las terrazas de los bares y quiere mostrar al resto del mundo que la digestión comienza con el bolo alimenticio y además, saben pasearlo con la boca abierta sin que se le caiga nada. Su capacidad y temerosidad es tal, que antes de tragarse lo que han masticado tres veces, para que el tomate no se sienta solo entre esos dientes que apenas trabajan, se meten de una vez cinco michirones que han pinchado del plato con tanta fuerza que han rajado la porcelana.
Este año, cuando sople las velas, que ya es una cantidad como para pegar un extintor bajo la tarta, pediré dos deseos: que desaparezca la lycra y que esos mortales que se empeñan en demostrar cómo se menea la comida en la boca, nos dejen al resto en la más absoluta ignorancia.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)