Hay que ver lo desarmados que son algunos, qué corazon ti... (perdonen ustedes, me ha interrumpido mi hijo que ha entrado a la habitación a preguntarme dónde pijo le he puesto no se qué camiseta del "teori" ese del "bin-ban" y me ha preguntado que por qué son desarmados y le he dicho que porque no tienen sentimientos al deshacerse de un gato medio muerto. Me ha dicho que desarmado es el que no lleva armas, que si lo que quiero decir es que alguien es mala persona, es un desalmado, con ele, como si lo dijera un chino).
Empiezo, que si no, se me va el hilo. Decía que hay algunos que son unos desalmados ( me acuerdo del chino) porque no se tiene el corazón mas que para mantenerse vivo, pero no se lo merecen. Esta mañana el hijo de mi vecina me ha traído envuelto en una toalla una cosica que apenas se movía, llena de barro. Me ha dicho que al ir a tirar la basura esta mañana su madre (le he recordado que se saca a las nueve, pero de la noche y ella siempre dice que se confunde, por eso el ayuntamiento de mi pueblo hizo unas pegatinas especiales que ponen "21 horas", para que la pava esta se entere, pero como es más idiota que encender un mechero en una gasolinera, entendió que la basura pasa dentro del contenedor todo ese tiempo), ay señor, decía que su madre se lo ha encontrado dentro del contenedor, lo ha sacado y no tiene otra cosa que hacer que encasquetármelo con el crío como mensajero, para que me dé más lástima.
Cuánta mierda llevaría, que después de estar un rato debajo del grifo lo he oído maullar: ¡un gato! Válgame el señor... y yo con dos perros en el piso. En fin, después de quitarle al minino la misma cantidad de barro que había en el piso-taller de Demi Moore en Ghost, me he puesto a hacer aceptación social con reunión urgente de grupo: los he puesto a olfatear a la gata (porque he podido ver tres colores en su pelaje y los tricolores son hembras de toda la vida, aunque una amiga me ha dicho esta mañana que se han descubierto machos, pero son estériles; qué cosas), después de un buen rato no ha habido peleas y da gusto verlos jugar a los tres. Ahora mismo están para hacerles una foto y cascarla en uno de esos calendarios más cursis que pelar un huevo duro con los meñiques.
He bautizado a la gata con el nombre de Charini, en honor a los Morancos, que me encantaban desde que hacían de ingleses (o yo qué sé) en el "Un, dos, tres". Lo suyo hubiera sido llamarse Rosario, porque me la trajeron el día siete (que estamos en octubre), pero mis Morancos...
Y ya está, habemus Charini.
miércoles, 9 de octubre de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Trozo dos: vigilando a los zagales en la procesión
Hay una cosa (bueno hay tantas, coñe...) que me repatea y es ese empeño en coger unos catarros de órdago, o de padre y señor mío, más apropiada esta expresión dadas las recientes fechas; en fin, como iba diciendo, acaba de irse el tiempo pasional y las mujeres sobre todo procesionan ahora por las farmacias para aliviar los resfriados derivados de llevar trapos primaverales de estreno aunque haga frío. Se han comprado ropa casi de verano para Viernes Santo y Domingo de Resurrección y en esta zona el Meteosat atina lo mismo que un ciego enhebrando una aguja, así que cuando anuncian jornada soleada y temperaturas agradables, la cosa amanece más fría que... más helada que... ay señor qué rabia me da no tener a mano comparaciones de esas que Chiquito de la Calzada tenía a espuertas en sus actuaciones. Bueno, lo mismo da. Luego cuando esté haciendo otra cosa me vendrán. Resumiendo: mis vecinas salieron el viernes a ver el Santo Encuentro y a tomarse el "vermú". Ahora están hechas polvo con la batamanta en el sofá, pero me llamaron para que el domingo llevara a sus críos a la procesión, que querían salir; claro, yo me he cabreé más que un mono delante de un espejo porque a ver qué puñetas me ponía para tan señalado día, que ya saben ustedes que la gente que sale a la calle parecen invitados de boda (aunque siempre hay un atrevido/a que se pone vaqueros) y a mí las procesiones no me gustan y los respectivos padres estaban practicando deportes de riesgo (que digo yo que podrían tomarse algo para nivelar esas sustancias descompensadas que tienen en el cerebro, porque una vez oí en la tele que a la gente que le gustaban los deportes arriesgados y la aventura le pasaba eso, lo de la descompensación).
Los críos no paraban de dar por saco con salir de nazareno y yo venga a decirles que en lugar de eso, nos podíamos ir a la sierra a coger piñas. No consintieron. Si los hubiera parido yo les hubiera soltado un palo en el culo, pero estas generaciones modernas de papás y mamás creen que el nivel de comprensión de sus hijos está al cien por cien desde que empiezan a nadar en la placenta... así que cualquier cosa hay que explicársela y ahí es donde vienen luego las madres mías. "Hay muncho tonto suelto"-decía mi padre- Y es verdad.
Mi Álvaro me dio la solución: "Mamá, ponte una túnica y métete con ellos". Eso hice. Mi cruz (una de ellas) es que no sé decir que no y de no gustarme los desfiles semanasanteros a vivirlos en primera persona, es meterse del agua fría a la caliente, pero en el fondo, muy en el fondo, había algo revoloteando en el estómago. Yo me altero y me indigno con las pijo-vecinas pero miro a esos críos y me pongo todos los capisayos que hagan falta.
Un amigo de mi hijo me dejó una túnica de la cofradía de los vecinos y salí en la procesión más tiesa que un ajo, con un cirio y los críos bien peinados. Al principio la cosa iba bien, pero de pronto se soltaron de la mano y tomaron carrerilla hacia el grupo infantil que iba tras el estandarte. Voy a ser una miaja marrana, pero ustedes entenderán que me cagara en la madre que los parió y en toda su reata, como decimos en esta zona de la península. Menos mal que tuve precaución inconsciente y me puse en los primeros cirios que van detrás del grupo de críos y por lo menos los iba vigilando.
Al principio no me dí cuenta pero después, descubrí horrorizada algo que me... me dejó... los perdí desde el momento en el que se introdujeron entre esa marabunta de capas blancas. Por culpa de una oleada de estilismo, ¡iban todos peinados de la misma forma! ¿Dónde estaban? Comprendan mi acojonamiento (sí, ya sé que son palabras malsonantes para una señora como yo, pero cuando me entra miedo o mala leche suelto tacos vía oral o escrita), estaba sintiendo cómo me iba bajando la tensión poco a poco hasta que por fin dí con ellos, aunque para ser honrada, les diré que fueron ellos los que salieron de la nube de mini-cofrades, porque los cabritos se habían quedado sin caramelos y volvían a la "central" para reponer material.
Y en este párrafo es donde me sincero a lo bestia: ir más tapada que un ninja me divirtió mucho. Observar a todo el mundo desde el puesto de invisibilidad que da un capirote es una sensación inexplicable. Ver en una jornada matutina a todas mis amigas de la infancia que no salen nunca, salvo en Semana Santa que es cuando los maridos las sacan (lo dicen ellas, ¿eh?) y se visten ideales para la recogida de los Globos de Oro... ver parejas extrañas que sugieren reflexiones y preguntas estúpidas ("anda, coño, ¿ésta está con éste? ¿Cuando se ha separao? Pues si que hace tiempo que no salgo").
No sé si es bueno o malo, pero el año que viene repito...
Los críos no paraban de dar por saco con salir de nazareno y yo venga a decirles que en lugar de eso, nos podíamos ir a la sierra a coger piñas. No consintieron. Si los hubiera parido yo les hubiera soltado un palo en el culo, pero estas generaciones modernas de papás y mamás creen que el nivel de comprensión de sus hijos está al cien por cien desde que empiezan a nadar en la placenta... así que cualquier cosa hay que explicársela y ahí es donde vienen luego las madres mías. "Hay muncho tonto suelto"-decía mi padre- Y es verdad.
Mi Álvaro me dio la solución: "Mamá, ponte una túnica y métete con ellos". Eso hice. Mi cruz (una de ellas) es que no sé decir que no y de no gustarme los desfiles semanasanteros a vivirlos en primera persona, es meterse del agua fría a la caliente, pero en el fondo, muy en el fondo, había algo revoloteando en el estómago. Yo me altero y me indigno con las pijo-vecinas pero miro a esos críos y me pongo todos los capisayos que hagan falta.
Un amigo de mi hijo me dejó una túnica de la cofradía de los vecinos y salí en la procesión más tiesa que un ajo, con un cirio y los críos bien peinados. Al principio la cosa iba bien, pero de pronto se soltaron de la mano y tomaron carrerilla hacia el grupo infantil que iba tras el estandarte. Voy a ser una miaja marrana, pero ustedes entenderán que me cagara en la madre que los parió y en toda su reata, como decimos en esta zona de la península. Menos mal que tuve precaución inconsciente y me puse en los primeros cirios que van detrás del grupo de críos y por lo menos los iba vigilando.
Al principio no me dí cuenta pero después, descubrí horrorizada algo que me... me dejó... los perdí desde el momento en el que se introdujeron entre esa marabunta de capas blancas. Por culpa de una oleada de estilismo, ¡iban todos peinados de la misma forma! ¿Dónde estaban? Comprendan mi acojonamiento (sí, ya sé que son palabras malsonantes para una señora como yo, pero cuando me entra miedo o mala leche suelto tacos vía oral o escrita), estaba sintiendo cómo me iba bajando la tensión poco a poco hasta que por fin dí con ellos, aunque para ser honrada, les diré que fueron ellos los que salieron de la nube de mini-cofrades, porque los cabritos se habían quedado sin caramelos y volvían a la "central" para reponer material.
Y en este párrafo es donde me sincero a lo bestia: ir más tapada que un ninja me divirtió mucho. Observar a todo el mundo desde el puesto de invisibilidad que da un capirote es una sensación inexplicable. Ver en una jornada matutina a todas mis amigas de la infancia que no salen nunca, salvo en Semana Santa que es cuando los maridos las sacan (lo dicen ellas, ¿eh?) y se visten ideales para la recogida de los Globos de Oro... ver parejas extrañas que sugieren reflexiones y preguntas estúpidas ("anda, coño, ¿ésta está con éste? ¿Cuando se ha separao? Pues si que hace tiempo que no salgo").
No sé si es bueno o malo, pero el año que viene repito...
domingo, 24 de marzo de 2013
Trozo uno: quién leches soy
No se crean ustedes que no me lo he preguntado veces a lo largo de todos estos años; no es que tuviera problemas existenciales, pero de vez en cuando alguna de mis vecinas pijas tenía ataques de profundidad, necesidad de encontrarse a sí misma y se cuestionaba muchas tonterías. Servidora, lo más cerca que ha estado de encontrarse a sí misma ha sido cuando se me ha perdido el DNI y he dado con él registrando hasta en las bolsas del supermercado.
Qué más da todo eso. Con esas cosas yo no me caliento la cabeza. Un día tuve conciencia de que estaba en este mundo y ala, a vivir.
El caso es que tenía que presentarme y a ello voy: hace siglos que no paro de oír a la gente que tiene un "bloh". Al principio no entendía la importancia o trascendencia (como dice mi vecina pija I, que ya las iré presentando también) que tenía eso, porque yo tengo "blos" a montones y de todos los tamaños; unos pequeños para tomar notas, junto al teléfono; otros medianos para apuntar las recetas de cocina de los programas de la tele y otros más grandes para que el hijo de mi vecina pija II se entretenga dibujando cuando viene a zamparse los bocadillos de chorizo; que en su casa no prueba ni dios el embutido por cosas de "linea y salud", como dice Maitechu (la pija II) pero después sí que viene el crío dando por saco con que su madre le mete cosas raras en la bolsa del bocadillo y se queda con hambre. Luego claro, yo me siento fatal porque tengo la sensación de estar pecando... (dice mi hijo que lo que tengo es sentimiento de culpa; es que lo tengo aquí, vigilando a ver si lo hago bien o no y ahora me dice que me estoy enrollando mucho y que me presente de una p... vez y yo le digo que no suelte tacos que le meto un trompazo y me amenaza con dejarme sola y que me las arregle como pueda).
Ya voy por el tercer párrafo y no he dicho nada de mí; si es que mi Álvaro tiene razón, se me amontonan las cosas en la cabeza como la ropa de la lavadora, pero voy a centrarme.
Ya estoy centrada. Me llamo Nicolasa, tengo 55 años y un hijo de 20 (años). Ay señor, ya está mi Álvaro diciéndome que para qué tengo que poner que son años si se sobreentiende y yo le digo que lo sobreentenderá él que es más espabilado que yo, porque si alguien ve que tengo un hijo de 20, puede pensar que son centímetros y entonces imaginar dos cosas: que aún no ha nacido o que es enano rematao y...
Hola, soy Álvaro, el hijo de Nicolasa; voy a la universidad y a veces estudio; como se me están hinchando las narices, ya les cuento yo lo que tienen que saber de mi madre porque se va mucho por las ramas: el nombre y su edad ya los ha plasmado por ahí. Yo también apareceré de vez en cuando. Mi padre no mucho porque es comercial y para el caso, con que sepan de su existencia, sobra. Tenemos dos vecinas, Maitechu y Pepa, treintonas y tontas del culo pero mi madre lo soluciona todo diciendo que son buena gente.
Mi madre es muy cotilla, mojete, sopa, curiosa, etc. y se le da tan bien la investigación de lo ajeno que ha decidido hacerlo de manera "profesional"; lo entrecomillo porque no trabaja para ninguna agencia de detectives, sólo hace favores, vigila y cotillea lo del prójimo. Se lo pasa tan bien que ha decidido contarlo a su manera y como no para de oír hablar a sus vecinas de blogs, le he aclarado que no son las libretas de cuadrículas de toda la vida donde ella aprendió a escribir, sino su versión moderna en Internet. Ya lo va entendiendo y se las apañará muy bien para contarles sus frikadas. Mi madre sólo tiene antiguo el nombre porque mi abuela tiene muy mala leche. Ella (mi madre) es moderna con un ramalazo retro. Lo que más me gusta es lo burra que es. Se lo digo con mucho cariño y cuando la vayan conociendo, sabrán a lo que me refiero.
Soy Nicolasa otra vez. Como verán mi vida no va por capítulos; eso es para las protagonistas de las novelas serias. Mi vida va a trozos y así la voy a contar. Dentro de nada, el trozo dos.
Qué más da todo eso. Con esas cosas yo no me caliento la cabeza. Un día tuve conciencia de que estaba en este mundo y ala, a vivir.
El caso es que tenía que presentarme y a ello voy: hace siglos que no paro de oír a la gente que tiene un "bloh". Al principio no entendía la importancia o trascendencia (como dice mi vecina pija I, que ya las iré presentando también) que tenía eso, porque yo tengo "blos" a montones y de todos los tamaños; unos pequeños para tomar notas, junto al teléfono; otros medianos para apuntar las recetas de cocina de los programas de la tele y otros más grandes para que el hijo de mi vecina pija II se entretenga dibujando cuando viene a zamparse los bocadillos de chorizo; que en su casa no prueba ni dios el embutido por cosas de "linea y salud", como dice Maitechu (la pija II) pero después sí que viene el crío dando por saco con que su madre le mete cosas raras en la bolsa del bocadillo y se queda con hambre. Luego claro, yo me siento fatal porque tengo la sensación de estar pecando... (dice mi hijo que lo que tengo es sentimiento de culpa; es que lo tengo aquí, vigilando a ver si lo hago bien o no y ahora me dice que me estoy enrollando mucho y que me presente de una p... vez y yo le digo que no suelte tacos que le meto un trompazo y me amenaza con dejarme sola y que me las arregle como pueda).
Ya voy por el tercer párrafo y no he dicho nada de mí; si es que mi Álvaro tiene razón, se me amontonan las cosas en la cabeza como la ropa de la lavadora, pero voy a centrarme.
Ya estoy centrada. Me llamo Nicolasa, tengo 55 años y un hijo de 20 (años). Ay señor, ya está mi Álvaro diciéndome que para qué tengo que poner que son años si se sobreentiende y yo le digo que lo sobreentenderá él que es más espabilado que yo, porque si alguien ve que tengo un hijo de 20, puede pensar que son centímetros y entonces imaginar dos cosas: que aún no ha nacido o que es enano rematao y...
Hola, soy Álvaro, el hijo de Nicolasa; voy a la universidad y a veces estudio; como se me están hinchando las narices, ya les cuento yo lo que tienen que saber de mi madre porque se va mucho por las ramas: el nombre y su edad ya los ha plasmado por ahí. Yo también apareceré de vez en cuando. Mi padre no mucho porque es comercial y para el caso, con que sepan de su existencia, sobra. Tenemos dos vecinas, Maitechu y Pepa, treintonas y tontas del culo pero mi madre lo soluciona todo diciendo que son buena gente.
Mi madre es muy cotilla, mojete, sopa, curiosa, etc. y se le da tan bien la investigación de lo ajeno que ha decidido hacerlo de manera "profesional"; lo entrecomillo porque no trabaja para ninguna agencia de detectives, sólo hace favores, vigila y cotillea lo del prójimo. Se lo pasa tan bien que ha decidido contarlo a su manera y como no para de oír hablar a sus vecinas de blogs, le he aclarado que no son las libretas de cuadrículas de toda la vida donde ella aprendió a escribir, sino su versión moderna en Internet. Ya lo va entendiendo y se las apañará muy bien para contarles sus frikadas. Mi madre sólo tiene antiguo el nombre porque mi abuela tiene muy mala leche. Ella (mi madre) es moderna con un ramalazo retro. Lo que más me gusta es lo burra que es. Se lo digo con mucho cariño y cuando la vayan conociendo, sabrán a lo que me refiero.
Soy Nicolasa otra vez. Como verán mi vida no va por capítulos; eso es para las protagonistas de las novelas serias. Mi vida va a trozos y así la voy a contar. Dentro de nada, el trozo dos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)