Esa es la frase que tienen en la boca las generaciones de padres posteriores a la mía, es la que oigo cuando me voy a una terraza a tomar el fresco -digo, algo fresco- y habiendo tantos metros cuadrados de acera bien hermosa, están correteando entre las mesas. Nunca me había producido tanto estrés vigilar el tinto de verano. Hay infinidad de "porqués" que se me vienen a mi humilde masa encefálica, pero quizá por esa escasez no comprendo muchas cosas.
Veo muchas tonterías ahí afuera. Mi retina me deja tiritando con los padres modernos, jóvenes y perfectos, que según va saliendo la placenta y el niño del interior de mamá, papá sostiene un ejemplar de "Ser padres" en una mano mientras graba el parto con la otra; está leyendo el artículo "estudia el rostro de tu bebé, veinte micro-expresiones que te ayudarán a saber cómo ha ido la gestación".
Cuando veo ecografías de criaturas saludando desde el otro lado de la tapia o según los especialistas, sonriendo, me pregunto precisamente eso, cómo puñetas se van a reír si no tienen estímulos ni conocimientos con los que empezar (ya me entienden). Creo que sólo mueven los músculos de su cara y que nosotros desde afuera y con todo lo que llevamos aprendido, creemos y queremos que sonría. Creo que los anhelos nos traicionan en cualquier gremio que se precie y que los disparates desde la ciencia se ven influidos por ellos.
Me estoy desviando del título del trozo de hoy. Esos padres que dejan al crío a su bola, sin una pizca de disciplina, porque no hay que cortarle el rollo y se le deben explicar las cosas desde el principio. Esa madre guay que se planta delante de su bebé de apenas un año y le dice: "Jose Alberto, no debes tirar al suelo el chupete, porque el mundo está lleno de bacterias y las bacterias son una cosa muy mala que entra en el cuerpo y te pones enfermo y si enfermas, mamá te llevará al pediatra, que es ese señor con la bata blanca al que no te gusta ir porque..." ¡¡¡¡COOOOOÑO YA CON LA TÍA!!!!, ¡¡recoge la chupeta, lávala en la fuente y pónsela; si la vuelve a tirar, la guardas y punto!! Si llora ya se le pasará. La próxima vez se acordará de lo jodido que estaba sin su chupeta y no volverá a tirarla. Acción: consecuencia. Así he criado a mi Álvaro.
Hace unos años, mi vecina la pija me dejó una tarde a su hijo que entonces tenía pocos meses y cuando regresó, se fue derecha al fregadero a investigar si había cumplido con los niveles de polvos para prepararle el biberón. Por lo visto notó que le había puesto una rayica de más y menuda me montó. No se puede ser tan de catálogo. ¿Cómo pijo creen que han crecido ellos, los que ahora son ese tipo de padres modernos? A ojo (ustedes ya me entienden).
Alguien que disfruta de su cigarro en la terraza de un bar no puede evitar que el aire cambie de dirección y le dé en la cara a otro que está terminando de cenar (no fumo y miren ustedes mis niveles de comprensión), pero un padre o una madre si puede orientar a su hijo para que no moleste a los demás con el patinete, la pelota o el resto de la pandilla. Moncho Borrajo tiene razón: los niños son como los pedos, a cada uno le gustan los suyos.