Esta mañana a las ocho me he despertado de un sobresalto. Una quiere dejar descansar al despertador; que se quede ahí, mirándome desde la mesilla, jodido porque duermo "de forma apacible", como leo en algunos libros. Quiero abrir el ojo (porque el otro me lo chafa la cabecera) cuando me dé la gana, pero no. Hoy es la festividad de los Reyes Magos y los hijos de mi vecina han puesto en funcionamiento sus juguetes. Ya les podrían haber regalado libros, pero dice su madre que tienen muchos, ¿a que es para darle un guantazo con la mano abierta?, eso lo he visto yo con mis ojos expertos en "Sálvame Deluxe". Estas vacaciones de Navidad los he visto pasar por los puestos de libros que ponen en el centro y uno de los zagales le ha dicho a su madre que quiere un cuento y ella le ha dicho que no. Me quedé con las ganas de ir a darle un pescozón y saltarle los dientes en el pico del mostrador. "Uy, que civilizada, qué mujer más tolerante", dirán ustedes; pues sí que lo soy, lo que pasa es que cuando presencio estas cosas de fomentar la tontuna con esos ejemplos, se me hincha la vena de la frente. Luego ese analfabetismo funcional lo sufrimos todos.
Como siempre, me lío a cascar de otras cosas y los Cerros de Úbeda me reciben encantados... que esta mañana, me he despertado con los juguetes de los hijos de mis vecinos. A uno le han regalado una batería, que ya me hubiese gustado que fuese de cocina, pero lo que han hecho ha sido montarla en la cocina, que se oye estupendamente en el patio de luces de todo el edificio. En el dormitorio del matrimonio, que da pared con pared al mío, han instalado una estación de tren, con la locomotora sin parar de dar vueltas y por el ruido que hay, tiene que haber un centro comercial con gente comprando. Y después no sé si es que el tren ha pisado a alguien, porque no paro de oír sirenas; claro que si no es un accidente será un incendio en el centro comercial, porque la sirena o es de los bomberos o de la ambulancia, que con la de la policía ya cuento yo pase lo que pase. Tengo la cabeza hecha un bombo, así que ya la puedo juntar con la batería del nenico y se le queda la cosa más completa.
Echo de menos aquellos tiempos en los que los críos se iban a jugar a la calle y yo los veía desde el balcón de mi casa, porque mi madre no me dejaba salir a jugar con ellos. "Pa que te den un porrazo y te quedes más tonta de lo que estás", me decía mi madre con cariño.