lunes, 3 de noviembre de 2014

Trozo ocho: tengo la tensión alta y sé de lo que es...

Buenas, así a secas, porque no sé a qué hora van a a leer ustedes ésto. Pero si quieren que afine una miaja, buenas tardes (dadas las horas, que por cierto, yo tenía que estar calentando el cocido de ayer, que le dije a mi Álvaro que hoy no pensaba hacer nada, porque estoy harta de que se deje la comida tradicional en el plato, que el cocido es sano, pero el muy sinvergüenza lo asocia a "ir cocido" y como se lo expliqué el otro día cuando llegó como llegó...), ay, señor, que paréntesis más largos, que les hago perder el hilo.

    El otro día fui al ambulatorio (a mi me gusta decirle ambulatorio, pero dice una amiga que está mal dicho porque es "centro de salud", pero yo no estoy de acuerdo, porque mi vecina Maitechu dice que un centro de salud es aquel que tiene todas las especialidades, pero el de mi pueblo no tiene nada, sólo una matrona, un dentista y un aparato de radiografías que está averiado, así que el técnico de rayos, lo será de tormentas, porque aquí no da palo al agua, vistas las circunstancias), ya me he vuelto a perder... ah, sí, que fui al ambulatorio a tomarme la tensión y la tengo alta; claro, acto seguido, a pedir cita con el médico a ver qué pasa y saqué en claro que tengo que dejar enfriar la tele.

    Estoy muy cansada de todo lo que sale,  de las protestas de la gente, siempre quejándose de lo mismo. Llevamos así casi toda la democracia, porque los primeros que llegaron al Gobierno estaban ilusionados estrenando ideologías y no sabían cómo iba el asunto, pero empezaron a espabilarse y a hacer cosas  corruptas, hasta hoy. No tenemos término medio, como somos pasionales y los sesos los usamos para prepararlos al vino, pero no nos damos cuenta de que estamos quemando cartuchos con protestas que no van a ningún sitio, así que perdemos seriedad a ojos del resto (yo creo que hay gente en este país con sentido común, lo que pasa es que está escondida). Le pregunto a mi Álvaro qué piensa de todo lo que está pasando y me responde que se la suda tó, que me ponga el skype en el ordenador porque a partir del año que viene se va por ahí fuera a trabajar. No sé qué pijo es el "esquipe" y cuando dice fuera, espero que sea fuera de Murcia, porque si no, lo pico. Me acaba de decir que va a hacer un trabajo sobre el pequeño Nicolás y le he dicho que como lo haga le doy con una maza en la cabeza.

    Perdonen ustedes esta vulgaridad, pero lo que le pasa a España es que tiene el culo dormido y ya le da igual todo lo que venga.

viernes, 1 de agosto de 2014

Trozo siete: "Vete a jugar por ahí pero a nosotros no nos des el follón"

Esa es la frase que tienen en la boca las generaciones de padres posteriores a la mía, es la que oigo cuando me voy a una terraza a tomar el fresco -digo, algo fresco- y habiendo tantos metros cuadrados de acera bien hermosa, están correteando entre las mesas. Nunca me había producido tanto estrés vigilar el tinto de verano. Hay infinidad de "porqués" que se me vienen a mi humilde masa encefálica, pero quizá por esa escasez no comprendo muchas cosas.

    Veo muchas tonterías ahí afuera. Mi retina me deja tiritando con los padres modernos, jóvenes y perfectos, que según va saliendo la placenta y el niño del interior de mamá, papá sostiene un ejemplar de "Ser padres" en una mano mientras graba el parto con la otra; está leyendo el artículo "estudia el rostro de tu bebé, veinte micro-expresiones que te ayudarán a saber cómo ha ido la gestación".

     Cuando veo ecografías de criaturas saludando desde el otro lado de la tapia o según los especialistas, sonriendo, me pregunto precisamente eso, cómo puñetas se van a reír si no tienen estímulos ni conocimientos con los que empezar (ya me entienden). Creo que sólo mueven los músculos de su cara y que nosotros desde afuera y con todo lo que llevamos aprendido, creemos y queremos que sonría. Creo que los anhelos nos traicionan en cualquier gremio que se precie y que los disparates desde la ciencia se ven influidos por ellos.

     Me estoy desviando del título del trozo de hoy. Esos padres que dejan al crío a su bola, sin una pizca de disciplina, porque no hay que cortarle el rollo y se le deben explicar las cosas desde el principio.  Esa madre guay que se planta delante de su bebé de apenas un año y le dice: "Jose Alberto, no debes tirar al suelo el chupete, porque el mundo está lleno de bacterias y las bacterias son una cosa muy mala que entra en el cuerpo y te pones enfermo y si enfermas, mamá te llevará al pediatra, que es ese señor con la bata blanca al que no te gusta ir porque..."  ¡¡¡¡COOOOOÑO YA CON LA TÍA!!!!, ¡¡recoge la chupeta, lávala en la fuente y pónsela; si la vuelve a tirar, la guardas y punto!! Si llora ya se le pasará. La próxima vez se acordará de lo jodido que estaba sin su chupeta y no volverá a tirarla. Acción: consecuencia. Así he criado a mi Álvaro.

    Hace unos años, mi vecina la pija me dejó una tarde a su hijo que entonces tenía pocos meses y cuando regresó, se fue derecha al fregadero a investigar si había cumplido con los niveles de polvos para prepararle el biberón. Por lo visto notó que le había puesto una rayica de más y menuda me montó. No se puede ser tan de catálogo. ¿Cómo pijo creen que han crecido ellos, los que ahora son ese tipo de padres modernos? A ojo (ustedes ya me entienden).

     Alguien que disfruta de su cigarro en la terraza de un bar no puede evitar que el aire cambie de dirección y le dé en la cara a otro que está terminando de cenar (no fumo y miren ustedes mis niveles de comprensión), pero un padre o una madre si puede orientar a su hijo para que no moleste a los demás con el patinete, la pelota o el resto de la pandilla. Moncho Borrajo tiene razón: los niños son como los pedos, a cada uno le gustan los suyos.



   

lunes, 28 de abril de 2014

Trozo seis: indignación

Buenas.  Sí, soy yo, la de siempre, Nicolasa. El trozo de hoy se llama "Indignación" por decirlo a lo fino, porque mi Álvaro me ha insistido mucho en que lo cambie, pero hoy tengo rota una vena ordinaria y vulgar, por lo que los bajos instintos me gritan mi verdadero estado: hasta el chichi/xixi. Me da la risa verlo escrito de las dos formas. Así se queda.

    ¿Y por qué estoy hasta la parte media delantera de mi anatomía, esa donde se encuentra mi parte reproductora? (ven, ahora compenso con esta gilipollez), porque mi hijo necesitaba estas vacaciones entrevistarse con un político y la mayoría no le ha hecho ni puñetero caso. Señores,  aunque sea una práctica universitaria, mi zagal es un periodista a punto de salir a la calle ( y ahí se va a quedar el pobre, tal y como están las cosas...) y se forma a base de prácticas, pero con ésta casi pincha.

    No se piensen que le preguntó a uno solo; a mi Álvaro le pasa como a su madre, parece que le falta un hervor. En efecto, nos falta dejarnos al fuego un ratico más, hasta que la timidez y el sentido común se den la mano, es decir, el tontolpijo escribió a varios políticos pidiendo su colaboración, pero no mandó a la vez la entrevista por si alguno tenía el detalle de contestarla. Le he dicho que haga como las chicas del perfume de los grandes almacenes, que se acercan a preguntar si quieres probarlo mientras que te sueltan el chufletazo en el cuello o te meten el cartón de la muestra en la nariz. Se le ha quedado claro.

    Menos mal que la cosa se ha solucionado y mañana presentará su práctica hecha (aún queda gente buena en todos los ámbitos...). A ver si viene, porque tiene la crema de calabacín fría y yo me quiero acostar ya que va a empezar "Qué falló en lo vuestro", que lo escucho todas las noches.

    Un momento, no se pensarán ustedes que no me acuesto porque he de calentarle en el microondas la crema de calabacín. ¡Un pijo!, lo estoy esperando para que me cuente cómo tiene la casa la madre de uno de sus compañeros de clase, que hoy se iba a hacer un trabajo de grupo fuera de la universidad y los pisos de estudiantes, así que quiero mojetear.

    Ala, ya les contaré la crónica decorativa.

 

 


martes, 4 de febrero de 2014

Trozo cinco: reflexión profunda

Seguro que ustedes recuerdan aquel chiste del científico que hacía un estudio con una hormiga. Eran chistes de esos tontos. Es que me estoy acordando de lo mal que los contábamos. O por lo menos escrito queda muy mal. Voy a reproducirlo tal cual lo contaban:

    -"Esto es un científico que coge una hormiga y le quita una pata y la llama. Hormiga ven.  la hormiga va. Le arranca otra pata y lo mismo. Hormiga ven. Y la hormiga va. Así hasta que se las arranca todas y le dice hormiga ven. Y la hormiga no va. La llama otra vez. Hormiga ven. La hormiga no va. ¡Que vengas! La hormiga toa quieta. Entonces el científico va y dice -la hormiga se vuelve sorda cuando le quitas toas las patas-". Se reía todo el mundo y venía lo peor, porque te repetía el final del chiste mientras quedara una risa en el corro; alguno le decía "Acho Paco, cállate hostias". Nunca me ha hecho gracia ese chiste; creo que porque Paco los contaba muy mal. Yo siempre le decía que tenía que dejar lo de la sordera para el final, para que hiciera más gracia y no cascarlo al principio. Nunca  me hizo caso. (Coño, da la sensación de que el destino del Paco fue negro por no contar bien los chistes...)

    Esta anécdota la he recordado para reflexionar acerca del carácter de los perros. Vamos a ver, el otro día vi a un tío darle una patada a su perro. No lo llevaba atado, estaban en un descampado (mi Álvaro me está preguntando que qué pijo hacía yo en un descampado. Le he dicho que es un solar que hay enfrente del supermercado). Mojete.

   Como se me olvidó una cosa, tuve que volver al hipermercado y allí estaban de nuevo el tío y su perro, que movía la cola detrás del amo, dueño o señor que le da patadas esporádicas, no sé. Mi reflexión al ver la reacción cordial del animalico fue la siguiente: si la hormiga se queda sorda después de que le quiten las patas, ¿el perro es que no tiene memoria, o es que es tonto perdido? A un gato le sueltas un escobazo si se sube al poyo de la cocina y luego no vayas "misimisi" que no se te acerca en la puñetera vida.

   Y aquí estoy, pensando en ello.

lunes, 6 de enero de 2014

Trozo cuatro: los Reyes Magos y la madre que los parió

Esta mañana a las ocho me he despertado de un sobresalto. Una quiere dejar descansar al despertador; que se quede ahí, mirándome desde la mesilla, jodido porque duermo "de forma apacible", como leo en algunos libros. Quiero abrir el ojo (porque el otro me lo chafa la cabecera) cuando me dé la gana, pero no. Hoy es la festividad de los Reyes Magos y los hijos de mi vecina han puesto en funcionamiento sus juguetes. Ya les podrían haber regalado libros, pero dice su madre que tienen muchos, ¿a que es para darle un guantazo con la mano abierta?, eso lo he visto yo con mis ojos expertos en "Sálvame Deluxe". Estas vacaciones de Navidad los he visto pasar por los puestos de libros que ponen en el centro y uno de los zagales le ha dicho a su madre que quiere un cuento y ella le ha dicho que no. Me quedé con las ganas de ir a darle un pescozón y saltarle los dientes en el pico del mostrador. "Uy, que civilizada, qué mujer más tolerante", dirán ustedes; pues sí que lo soy, lo que pasa es que cuando presencio estas cosas de fomentar la tontuna con esos ejemplos, se me hincha la vena de la frente. Luego ese analfabetismo funcional lo sufrimos todos.

   Como siempre, me lío a cascar de otras cosas y los Cerros de Úbeda me reciben encantados... que esta mañana, me he despertado con los juguetes de los hijos de mis vecinos. A uno le han regalado una batería, que ya me hubiese gustado que fuese de cocina, pero lo que han hecho ha sido montarla en la cocina, que se oye estupendamente en el patio de luces de todo el edificio. En el dormitorio del matrimonio, que da pared con pared al mío, han instalado una estación de tren, con la locomotora sin parar de dar vueltas y por el ruido que hay, tiene que haber un centro comercial con gente comprando. Y después no sé si es que el tren ha pisado a alguien, porque no paro de oír sirenas; claro que si no es un accidente será un incendio en el centro comercial, porque la sirena o es de los bomberos o de la ambulancia, que con la de la policía ya cuento yo pase lo que pase. Tengo la cabeza hecha un bombo, así que ya la puedo juntar con la batería del nenico y se le queda la cosa más completa.

   Echo de menos aquellos tiempos en los que los críos se iban a jugar a la calle y yo los veía desde el balcón de mi casa, porque mi madre no me dejaba salir a jugar con ellos. "Pa que te den un porrazo y te quedes más tonta de lo que estás", me decía mi madre con cariño.