domingo, 24 de marzo de 2013

Trozo uno: quién leches soy

No se crean ustedes que no me lo he preguntado veces a lo largo de todos estos años; no es que tuviera problemas existenciales, pero de vez en cuando alguna de mis vecinas pijas tenía ataques de profundidad, necesidad de encontrarse a sí misma y se cuestionaba muchas tonterías. Servidora, lo más cerca que ha estado de encontrarse a sí misma ha sido cuando se me ha perdido el DNI y he dado con él registrando hasta en las bolsas del supermercado.

   Qué más da todo eso. Con esas cosas yo no me caliento la cabeza. Un día tuve conciencia de que estaba en este mundo y ala, a vivir.

   El caso es que tenía que presentarme y a ello voy: hace siglos que no paro de oír a la gente que tiene un "bloh". Al principio no entendía la importancia o trascendencia (como dice mi vecina pija I, que ya las iré presentando también) que tenía eso, porque yo tengo "blos" a montones y de todos los tamaños; unos pequeños para tomar notas, junto al teléfono; otros medianos para apuntar las recetas de cocina de los programas de la tele y otros más grandes para que el hijo de mi vecina pija II se entretenga dibujando cuando viene a zamparse los bocadillos de chorizo; que en su casa no prueba ni dios el embutido por cosas de "linea y salud", como dice Maitechu (la pija II) pero después sí que viene el crío dando por saco con que su madre le mete cosas raras en la bolsa del bocadillo y se queda con hambre. Luego claro, yo me siento fatal porque tengo la sensación de estar pecando... (dice mi hijo que lo que tengo es sentimiento de culpa; es que lo tengo aquí, vigilando a ver si lo hago bien o no y ahora me dice que me estoy enrollando mucho y que me presente de una p... vez y  yo le digo que no suelte tacos que le meto un trompazo y me amenaza con dejarme sola y que me las arregle como pueda).

   Ya voy por el tercer párrafo y no he dicho nada de mí; si es que mi Álvaro tiene razón, se me amontonan las cosas en la cabeza como la ropa de la lavadora, pero voy a centrarme.

   Ya estoy centrada. Me llamo Nicolasa, tengo 55 años y un hijo de 20 (años). Ay señor, ya está mi Álvaro diciéndome que para qué tengo que poner que son años si se sobreentiende y yo le digo que lo sobreentenderá él que es más espabilado que yo, porque si alguien ve que tengo un hijo de 20, puede pensar que son centímetros y entonces imaginar dos cosas: que aún no ha nacido o que es enano rematao  y...

   Hola, soy Álvaro, el hijo de Nicolasa; voy a la universidad y a veces estudio; como se me están hinchando las narices, ya les cuento yo lo que tienen que saber de mi madre porque se va mucho por las ramas: el nombre y su edad ya los  ha plasmado por ahí. Yo también apareceré de vez en cuando. Mi padre no mucho porque es comercial y para el caso, con que sepan de su existencia, sobra. Tenemos dos vecinas, Maitechu y Pepa, treintonas y tontas del culo pero mi madre lo soluciona todo diciendo que son buena gente.

   Mi madre es muy cotilla, mojete, sopa, curiosa, etc. y se le da tan bien la investigación de lo ajeno que ha decidido hacerlo de manera "profesional"; lo entrecomillo porque no trabaja para ninguna agencia de detectives, sólo hace favores, vigila y cotillea lo del prójimo. Se lo pasa tan bien que ha decidido contarlo a su manera y como no para de oír hablar a sus vecinas de blogs, le he aclarado que no son las libretas de cuadrículas de toda la vida donde ella aprendió a escribir, sino su versión moderna en Internet. Ya lo va entendiendo y se las apañará muy bien para contarles sus frikadas. Mi madre sólo tiene antiguo el nombre porque mi abuela tiene muy mala leche. Ella (mi madre) es moderna con un ramalazo retro. Lo que más me gusta es lo burra que es. Se lo digo con mucho cariño y cuando la vayan conociendo, sabrán a lo que me refiero.

   Soy Nicolasa otra vez. Como verán mi vida no va por capítulos; eso es para las protagonistas de las novelas serias. Mi vida va a trozos y así la voy a contar. Dentro de nada, el trozo dos.

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